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| Dibujo de Imanol Larrinaga |
POIESIS: un paso a la esencia (16-11-2009)
Aritz Gorrotxategi, Felipe Juaristi, Juan Ramón Makuso, Pello Otxoteko.
Desde el comienzo se ha intentado cambiar el mundo y darle continuidad; unir el pensamiento con la materia y el tiempo; al hombre con el mundo. Crear. Crear y, mediante el ejercicio de la creación, crearnos, más allá de la propia carnalidad. De todos modos, el hombre no puede crear desde la nada. Lo que no es hace tiempo que dejó de ser. Por ello, tiene el hombre una característica que le es propia: la memoria. La experiencia nace de la memoria. Platón en el diálogo titulado El banquete, hablando sobre la poiesis o creación, pone en boca de Diótima el dictado: “toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser se llama creación”. Pero apunta una particularidad: “de suerte que también los trabajos realizados en todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos poietai, o sea creadores...”. Pero también sabes”, continúa Diótima, “que no se llaman poieitai, sino que tienen otros nombres y que del conjunto entero de la creación se ha separado una parte, la concerniente a la música y al verso, y se le denomina con el nombre de todo. Únicamente a esto se llama, en efecto poiesis y poietai a los que poseen esta porción de creación”.
Desde el comienzo se ha intentado cambiar el mundo y darle continuidad; unir el pensamiento con la materia y el tiempo; al hombre con el mundo. Crear. Crear y, mediante el ejercicio de la creación, crearnos, más allá de la propia carnalidad. De todos modos, el hombre no puede crear desde la nada. Lo que no es hace tiempo que dejó de ser. Por ello, tiene el hombre una característica que le es propia: la memoria. La experiencia nace de la memoria. Platón en el diálogo titulado El banquete, hablando sobre la poiesis o creación, pone en boca de Diótima el dictado: “toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser se llama creación”. Pero apunta una particularidad: “de suerte que también los trabajos realizados en todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos poietai, o sea creadores...”. Pero también sabes”, continúa Diótima, “que no se llaman poieitai, sino que tienen otros nombres y que del conjunto entero de la creación se ha separado una parte, la concerniente a la música y al verso, y se le denomina con el nombre de todo. Únicamente a esto se llama, en efecto poiesis y poietai a los que poseen esta porción de creación”.
Poesía es, por tanto, el intento de recuperar algo, el paso que nos lleva desde la oscuridad hasta la claridad, el de algo que es dado a conocer a través de la palabra, basándose en unas leyes de composición conocidas. Decir no es suficiente, hay que saber decir. Stravinsky nos ilustra con un ejemplo en su Poética de la música: “el trino de las aves canoras no es música, sino sonido”. Los elementos musicales no crean, por sí mismos, música. Es imprescindible su organización, y ello se derivará de la acción consciente del hombre. Los sentimientos o pensamientos, por puros que sean, no crean poesía. Hay imágenes crudas que sugieren la existencia de alguna poética, pero sensibilidad no es lo mismo que poesía. Están unidas, pero como en el caso del ave canora, aunque surjan del profundo interior, el sentimiento no es más que sonido, no música. Hace falta una organización consciente para no caer en la vulgaridad, una poética. Corresponde al poeta aprehender sentimiento por medio de la razón, y transmitir razón por medio del sentimiento.
Tal es el secreto de la creación, el paso que va desde la oscuridad hasta la claridad. He ahí el arte, el impulso para organizar la materia, puesta la mirada en el infinito, basada en la trascendencia espiritual humana. La búsqueda de la esencia y no de la apariencia. He ahí el arte, punto de partida de cualquier intento transformador. Dicho de otro modo, nuestros hilos enlazados a otros y dados a conocer. diálogo entre lo antiguo y lo nuevo. El mundo de ayer adivinado bajo la luz actual, y el de hoy bajo la de ayer. Porque escribimos aquí y ahora, pero no sólo somos presente. Tan sólo hilos de un largo diálogo del hombre con el hombre.

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