martes, 16 de junio de 2015

POESÍA Y PENSAMIENTO, 9º manifiesto

Ilustración de Imanol Larrinaga
 LOS GRIEGOS Y NOSOTROS (14-06-2015) Aritz Gorrotxategi, Felipe Juaristi, Juan Ramón Makuso y Pello Otxoteko.

La poesía que nos gusta proviene de los griegos: Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro... Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos... De allí vienen también los pensadores que han iluminado el ansia de saber del ser humano: Tales, Heráclito, Parménides, Sócrates, Platon, Aristóteles... Grecia era el espejo en el que se miraban los romanos; sin Homero difícilmente hubiera escrito Virgilio su Eneida tal como lo hizo. Cicerón y Séneca partieron de los modelos griegos para crear los suyos propios. El teatro surgió en Grecia: Esquilo, Sófocles, Eurípides... Catulo se apropió con maestría de las enseñanzas de Aristófanes. El Renacimiento posó su mirada en Grecia, en el mar Mediterráneo. Las primeras semillas del humanismo brotaron en aquella región, pero Grecia es un territorio que supera los límites geográficos. Hölderlin era griego. Lo mismo cabría decir de Nietzsche. El filósofo nacido en Röcken, que distinguió entre la visión apolínea y dionisíaca del mundo, por algo dijo que casi cada tiempo y cada grado de cultura han intentado alguna vez, con profundo malhumor, liberarse de los griegos, porque en presencia de éstos, todo lo realizado por ellos, en apariencia completamente original y sinceramente admirado, parecía perder de súbito color y vida. En ese mismo sentido, Hölderlin nos hizo recordar a través del poema El Archipiélago que aquella Atenas estaba perdida, y que la tormentosa voz del ágora estaba ya en silencio: “ocupados tan sólo en sus propios afanes, cada cual sólo oye se oye a sí mismo en el agitado taller, mucho los bárbaros trabajan con poderoso brazo, sin descanso...”. 
 
En la elegía Pan y vino, Hölderlin situó de nuevo a los poetas en una encrucijada: ¿para qué poetas en tiempos de penuria?. Otro griego llamado Heidegger dedicó un breve y esclarecedor ensayo a este verso, y estableció un vínculo significativo entre Hölderlin y Rilke. En opinión de Heidegger, Hölderlin fue el antecedente de los poetas que vivían en tiempos de penuria. La conocida frase de Adorno que vincula Auschwitz con la poesía procede del verso de Hölderlin. ¿Para qué la poesía? Podríamos acentuar el sentido de la pregunta de la mano de Camus: ¿Para qué la vida? Al fin y al cabo, no hay certeza plena, y deambulamos de incertidumbre en incertidumbre a modo de seres contradictorios e incompletos. ¿Para qué? No hay una respuesta exacta, pero tratamos de hallar una especie de sentido, tratamos de arrastrar de nuevo la piedra a la cima de la montaña. También se afanan en ellos los griegos de hoy en día, los sucesores de los de aquel tiempo, tratando de recobrar la dignidad. La luz azul se ha escurrido entre las manos, pero estamos cansados de anudar las lágrimas y el sufrimiento. Los griegos que sueñan se convierten en Homero, y ¿qué era Homero sino un griego que soñaba? Para transformar el mundo es necesario soñar. 
 
Odiseo recorrió un largo camino hasta su isla natal para regresar a los orígenes. Ithaca le ofreció un maravilloso viaje, y sin Ithaca jamás hubiese partido. Siempre estamos retornando. Quizás, porque recordamos que ha habido tiempos mejores, tiempos que nos han ofrecido luz, porque sentimos la necesidad de levantarnos del suelo y seguir caminando.
 

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