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| Ilustración de Imanol Larrinaga |
LOS GRIEGOS Y NOSOTROS (14-06-2015) Aritz Gorrotxategi, Felipe Juaristi, Juan Ramón Makuso y Pello
Otxoteko.
La
poesía que nos gusta proviene de los griegos: Homero, Hesíodo,
Safo, Píndaro... Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos... De allí vienen
también los pensadores que han iluminado el ansia de saber del ser
humano: Tales, Heráclito, Parménides, Sócrates, Platon,
Aristóteles... Grecia era el espejo en el que se miraban los
romanos; sin Homero difícilmente hubiera escrito Virgilio su Eneida
tal como lo hizo. Cicerón y Séneca partieron de los modelos griegos
para crear los suyos propios. El teatro surgió en Grecia: Esquilo,
Sófocles, Eurípides... Catulo se apropió con maestría de las
enseñanzas de Aristófanes. El Renacimiento posó su mirada en
Grecia, en el mar Mediterráneo. Las primeras semillas del humanismo
brotaron en aquella región, pero Grecia es un territorio que supera
los límites geográficos. Hölderlin era griego.
Lo mismo cabría decir de Nietzsche. El filósofo nacido en Röcken,
que distinguió entre la visión apolínea y dionisíaca del mundo,
por algo dijo que casi cada tiempo y cada grado de cultura han
intentado alguna vez, con profundo malhumor, liberarse de los
griegos, porque en presencia de éstos, todo lo realizado por ellos,
en apariencia completamente original y sinceramente admirado, parecía
perder de súbito color y vida. En ese mismo sentido, Hölderlin nos
hizo recordar a través del poema El
Archipiélago
que aquella Atenas estaba perdida, y que la tormentosa voz del ágora
estaba ya en silencio: “ocupados tan sólo en sus propios afanes,
cada cual sólo oye se oye a sí mismo en el agitado taller, mucho
los bárbaros trabajan con poderoso brazo, sin descanso...”.
En
la elegía Pan
y vino,
Hölderlin situó de nuevo a los poetas en una encrucijada: ¿para
qué poetas en tiempos de penuria?. Otro griego
llamado Heidegger dedicó un breve y esclarecedor ensayo a este
verso, y estableció un vínculo significativo entre Hölderlin y
Rilke. En opinión de Heidegger, Hölderlin fue el antecedente de los
poetas que vivían en tiempos de penuria. La conocida frase de Adorno
que vincula Auschwitz con la poesía procede del verso de Hölderlin.
¿Para qué la poesía? Podríamos acentuar el sentido de la pregunta
de la mano de Camus: ¿Para qué la vida? Al fin y al cabo, no hay
certeza plena, y deambulamos de incertidumbre en incertidumbre a modo
de seres contradictorios e incompletos. ¿Para qué? No hay una
respuesta exacta, pero tratamos de hallar una especie de sentido,
tratamos de arrastrar de nuevo la piedra a la cima de la montaña.
También se afanan en ellos los griegos de hoy en día, los sucesores
de los de aquel tiempo, tratando de recobrar la dignidad. La luz azul
se ha escurrido entre las manos, pero estamos cansados de anudar las
lágrimas y el sufrimiento. Los griegos que sueñan se convierten en
Homero, y ¿qué era Homero sino un griego que soñaba? Para
transformar el mundo es necesario soñar.
Odiseo
recorrió un largo camino hasta su isla natal para regresar a los
orígenes. Ithaca le ofreció un maravilloso
viaje,
y sin Ithaca jamás
hubiese partido.
Siempre estamos retornando. Quizás, porque recordamos que ha habido
tiempos mejores, tiempos que nos han ofrecido luz, porque sentimos la
necesidad de levantarnos del suelo y seguir caminando.

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