lunes, 11 de junio de 2012

POESÍA Y PENSAMIENTO, 6º manifiesto

Dibujo de Imanol Larrinaga



LA POESIA, UN SENTIDO PARA INDAGAR EN LA OSCURIDAD (11-06-2012)
Aritz Gorrotxategi, Felipe Juaristi, Juan Ramón Makuso eta Pello Otxoteko.


A juicio de Kant, la ciencia y la razón resultan limitadas para captar la realidad, ya que el ser humano percibe la realidad de manera distorsionada. El mecanismo de distorsión es la capacidad conceptual del ser humano. Los conceptos fundamentales de éste (tiempo, espacio, existencia…) no provienen de la experiencia, sino de un sistema de filtros ubicado en su conciencia. Dicho sistema le impone su propio diseño a la percepción que del mundo tiene el ser humano. Debido a ello, el humano no puede percibir de otra manera lo que se halla fuera de él. Según Kant, eso probaría que los conceptos de los humanos son pura ilusión, pura ilusión colectiva además, ya que nadie puede escapar a ellos. Así, la ciencia y la razón resultan limitadas. Al igual que lo son, estableciendo un paralelismo en ese sentido, los debates que se nutren de informativos y noticias para percibir la realidad. Se podría afirmar que el periodismo y el ámbito de la información buscan una especie de logos de lo cotidiano en los acontecimientos y las circunstancias.

En cambio, para Unamuno la razón no puede hacer camino sin un acompañante. Le resulta imprescindible el corazón. Debemos pensar con ambos,  percibir con ambos. Para la razón, resulta verdadero aquello que es demostrable. Por lo tanto, la razón no es una facultad consoladora. La ciencia sacia en cierta medida nuestra ansia de saber, nuestra ansia de verdad. Pero no puede saciar nuestras necesidades afectivas o volitivas, nuestra sed de inmortalidad. Es más, además de no saciarlas, las contradice. De hecho, Unamuno afirma con Spinoza, el esfuerzo con que cada cosa trata de perseverar en su ser no es sino la esencia actual de la cosa misma. Pretende decir Unamuno que nuestra esencia, la de cada ser humano, no es sino la voluntad de seguir siendo, el esfuerzo por no resultar muerto. La transcendencia. Nuestra “otra” realidad, la más íntima, aquella que los informativos ni siquiera llegan a rozar. 

¿Por qué esa sed de transcender? Ya desde nuestra infancia surge en nosotros el impulso de querer saber, de avanzar en el deseo de saber siempre un paso más allá. De incidir en el porqué, de palparlo. No hemos nacido completos, algo nos falta. Nos cuesta aceptar la vida tal como nos es dada. Por ello hemos creado la religión, la filosofía, el arte o la ciencia; pues no encajamos enteramente con el mundo que nos ha tocado vivir. Por eso, andamos desde hace tiempo queriendo crear nuestro propio mundo, nuestro hueco, dándonos incesantemente a luz a nosotros mismos y a la realidad que nos aloja. En ese parto incesante, en ese afán por percibir la realidad en su plenitud, y, sabiendo al mismo tiempo, que la razón en sí misma es un asidero poco fiable, ¿dónde hundir las raíces?

María Zambrano proponía la razón poética. Es decir, aunar la palabra racional de la filosofía y la irracional de la poesía. Ya que ambas provienen de la misma raíz: el asombro ante la realidad que nos circunda. Y en este parto que nos exterioriza al asombro recobramos al ser primigenio. Precisamente, Zambrano proponía la razón poética para encauzar adecuadamente el terreno de incertidumbre abierto unos años atrás por Nietzsche. Ya que el dios que mató Nietzsche era el de la filosofía, aquel que la razón había creado. El pensador alemán quería regresar al origen, a la búsqueda de los atributos de la divinidad. Sembró la libertad trágica y, a su vez, recuperó todo aquello que había quedado oculto de los definido por la filosofía. Es decir, quebró los límites que el propio humano se había dado a sí mismo, y con ello recobró los infiernos de su alma: las pasiones. Y en el infierno habitaba la oscuridad, la nada, adoptando ahora espacio en la conciencia en lugar del ser. Más tarde, Sartre recalcará que cuando la nada es vivida como ausencia, subyace la opción de otra posibilidad. Pero ¿a qué clase de ser le pertenece? Al primigenio, a aquel ser sin espacio ni tiempo, a lo sagrado puro. Una vez recobrado ese ser primigenio, corresponde al propio humano crear su propio ser, aceptando la creación y la propia conciencia que trae consigo la creación.

La propuesta de Zambrano se encamina en esa dirección. En su opinión, es un problema de método el que divide a la poesía y a la filosofía. La poesía es antimetódica por naturaleza y pretende salvar la integridad de las cosas, tal como son, diversas, sin renunciar a nada. Siguiendo este camino sin método, olvidándose de sí mismo, el poeta ha alcanzado la plenitud y la gracia como voz que canta, y a través de esa voz las cosas aparecen en su propio ser. Al fin y al cabo, la poesía es previa a la creación del logos, previa al lenguaje, y se manifiesta al corazón desde lo sagrado, desde un campo no limitado por el logos. La poesía es ese sentido que nos ayuda a indagar en nuestra oscuridad interior, la palabra que expresa nuestra extrañeza. De hecho, únicamente las noticias no nos sacarán de la oscuridad. La política a solas no arreglará los problemas que nos acucian. Debemos aproximarnos a la realidad en toda su dimensión,  honestamente, uniendo la transcendencia y lo cotidiano. Ese es el terreno de la poesía, buscar las raíces de la realidad a través del canto. 

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